martes

Enric Benito. El arte del buen morir

Un médico de cuidados paliativos que destila humanidad, Enric Benito, nos habla del buen morir y dice una frase, entre otras muchas cosas interesantes, que invita a la reflexión: " La muerte es un espantapájaros que hemos construido con nuestros miedos".
Si tenéis media hora, no os perdáis las palabras sabias de un ser que durante muchos años ha convivido con la muerte. 


miércoles

" Te voy a matar"...



Un muchacho de 14 años que estaba en el programa había disparado y matado a un adolescente inocente para demostrar su valía ante su banda. Durante el juicio, la madre de la víctima se mantuvo ante su banda. Durante el juicio, la madre de la víctima se mantuvo impasiblemente en silencio hasta el final, cuando el joven fue acusado de asesinato. Después de que se anunciara el veredicto, ella se puso de pie lentamente, le miró directamente y dijo: “Te voy a matar”. Seguidamente el joven fue llevado a una institución juvenil donde tenía que cumplir una condena de varios años.
Transcurrido el primer medio año, la madre del muchacho asesinado fue a visitar al asesino. Antes del asesinato él había estado viviendo en la calle, por lo que ella era su único visitante. Estuvieron hablando durante un rato, y al irse, ella le dio algo de dinero para tabaco. Seguidamente, poco a poco, ella empezó a visitarle regularmente, llevándole comida y pequeños regalos. Hacia el final de la condena de tres años, le preguntó que iba a hacer cuando saliera. Él se sentía confuso e inseguro, de modo que ella ofreció ayudarle y le buscó un trabajo en la empresa de una amiga. Seguidamente le preguntó dónde iba a vivir, y como él no tenía familia a la que retornar, ella le ofreció usar temporalmente una habitación que tenía libre en su casa. Él vivió allí durante ocho meses, comió su comida y trabajó en el empleo que ella le había buscado. Entonces, una noche, ella le llamó a la sala de estar para charlar. Se sentó frente a él y esperó. Después le miró fijamente:
— ¿Recuerdas que en el tribunal te dije que te iba a matar?
— Claro— replicó él—. Nunca olvidaré ese momento.
— Bueno, lo he hecho— dijo ella. Yo no quería que el muchacho que podía matar a mi hijo sin motivo siguiera vivo en esta tierra. Quería que muriera. Por eso empecé a visitarte y a llevarte cosas. Por eso te conseguí el trabajo y te permití vivir aquí, en mi casa. Así es como me propuse cambiarte. Y aquel viejo muchacho, se fue. De modo que ahora quiero preguntarte: como mi hijo se fue y ese asesino también se fue, ¿te quieres quedar aquí? Tengo sitio, y me gustaría adoptarte si me dejas.

Ella se convirtió en la madre que él nunca había tenido.
¡Qué compasión de la mujer! ¡Qué perdón! ¿De dónde venían? Todos podemos identificarnos con su gruñido primal cuando dice: “Voy a matarte”. Y cuando, en la sala de estar, ella recuerda al muchacho lo que le había dicho en el tribunal, yo temí lo que vendía a continuación. Pero me quedé sorprendido. Ese momento habría sido igualmente conmovedor para un hindú y un judío, para un budista y un cristiano, pero esta historia no tiene ni un atisbo de “religión”. ¿Qué había ocurrido? El amor libre de egoísmo había conquistado todos los genes “egoístas” darwinianos como la razón pura kantiana. El poder transformador de la emoción positiva había intercedido.
Vaillant, George. La ventaja evolutiva del amor. Barcelona. Rigden-Institut Gestalt. 2009
Imagen: Bansky Art